martes, 8 de febrero de 2011

Ahí

Camilo y Andrea era inseparables, él regordete, con las mejillas llenas de pecas y el cabello renegrido, ella con unos anteojos que le cubrían casi toda la cara y el vestido de cuadritos rojos que su mamá le había puesto en la mañana no podía estar mas sucio.

El sol estaba a punto de ponerse y aquella calle estaba solísima, no tenían lo suficiente para volver a casa, pero no era su culpa, por mas maromas que habían hecho solo habían logrado recoger unos cuantos cincos, sabían que le esperaba una regañada, pero no era su culpa, a la calle le llamaban la de los milagros, la 12, pero era mentira, ellos aun estaban ahí.

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