viernes, 25 de febrero de 2011

Paradojas

Mi madre decía que los niños deben vestir de azul y las niñas de rosado, que el sexo es malo y que tengo que tenerle miedo a Dios.

Contraponerme, criticarme, cuestionarme, contradecirme, autoanalizarme.

Y nunca me gustó jugar con carritos…

martes, 8 de febrero de 2011

Ahí

Camilo y Andrea era inseparables, él regordete, con las mejillas llenas de pecas y el cabello renegrido, ella con unos anteojos que le cubrían casi toda la cara y el vestido de cuadritos rojos que su mamá le había puesto en la mañana no podía estar mas sucio.

El sol estaba a punto de ponerse y aquella calle estaba solísima, no tenían lo suficiente para volver a casa, pero no era su culpa, por mas maromas que habían hecho solo habían logrado recoger unos cuantos cincos, sabían que le esperaba una regañada, pero no era su culpa, a la calle le llamaban la de los milagros, la 12, pero era mentira, ellos aun estaban ahí.

De Manteles Largos

Agarró con ambas manos el sombrerito de forma cónica y puntos de colores que tenía al frente y se lo puso en la cabeza, se dibujó una sonrisa y vió a su alrededor, un grupo de gente lo miraba fijamente al mejor estilo de los espectadores de un circo romano.

Dirigió sus ojos a la mesa y un gran pastel rosado con una candela encendida le iluminó el rostro. Muy en el fondo sabía lo que tenia que hacer, a la cuenta de tres apagarla y todo iba a acabar, pero no quería mas años, no quería mas manteles largos, como decía su abuela.

Cerró sus ojos y contó hasta diez, como cuando con furia uno espera a que se le pase, pero era inevitable, sopló la vela y los aplausos reventaron al punto de ensordecerlo.

Se levantó de la mesa y en el mas egoísta de los actos cruzó la puerta como quien deja atrás un pasado que no quiere recordar, con ganas de que el 7 de setiembre desapareciera del calendario, pero era inevitable, camino sin rumbo fijo con sus lánguidas piernas mientras en su cabeza nunca pudo dejar de tararear el cumpleaños feliz.

martes, 1 de febrero de 2011

De Dos En Dos

Tenia veintitantos y quería comerse al mundo, no buscaba ni fama ni fortuna, su vida se basaba en conseguir ese par de cincos para comer y algún día poder comprarse ese par de zapatos rojos que tanto anhelaba; si, rojos, se preguntaran por que. Pues quería que le combinaran con la Dorothy que llevaba por dentro. Si, la misma del Mago de Oz y con los cuales algún día del bracete con su espantapájaros y su hombre de hojalata, podrá recorrer el largo camino de ladrillos amarillos brincándoselos de dos en dos.